1.
Que no se trata, como se ha dicho —por ignorancia o mala fe— de una misteriosa carta, no se sabe a quién dirigida, con qué contenido o propósitos, y cuya supuesta lectura pública se haría con el apresurado objetivo —legítimo como cualquier otro, pero, por eso mismo, digno de una reflexión más justa y [detenidad] detenida— de recaudar pródigas firmas entre la crema y nata de nuestra joven y aguerrida intelectualidad;
2. Que de lo que se trata es de la lectura pública de un proyecto cultural, con el único y de por sí importante propósito de intercambiar ideas y coincidir y disentir —según el caso— entre nosotros, artistas o escritores, investigadores o críticos, periodistas o profesores, promotores o protectores, [según cada cual se asuma o lo asuma] según cada cual lo asuma o sea asumido, en cuanto al contenido, los objetivos y la propuesta de trabajo de dicho Proyecto; intercambio que podría derivar en un consenso o en la convocatoria para un encuentro otro, hasta el límite de la ingenuidad, la urbanidad, la lucidez o [o] [de] la paciencia y según la decisión soberana de los aquí presentes;
3.
Que de producirse un consenso, quienes hemos concebido y llevado a la práctica este Proyecto, jamás lo interpretaríamos ni trataríamos de transformarlo en la inconsulta afiliación a un hipotético sindicato paralelo de la Cultura [sic], sino que dicho consenso sería muestra únicamente de una cierta comunidad de criterios y de una esperanzadora disponibilidad de fuerzas para asumir el Proyecto en la práctica, con todas sus implicaciones culturales y éticas;
4.
Que este Proyecto, que nació con el nombre de PAIDEIA, pero que podría haberse llamado o empezarse a llamar ANTROPOS, QUORUM o CUATROESQUINAS [sic] —nombres todos posibles e imposibles, buenos y malos, necesarios y prescindibles— nunca ha sido —ni en sus más balbucientes inicios —, ni jamás lo reclamaría, patrimonio de una sola cabeza —algo así como un nuevo mecenas o un nuevo Bakunin de la cultura cubana— ni tan siquiera de un grupo de artistas, o escritores, o simples coleccionistas de actividades públicas, sino la forma concreta, visible y contradictoria que han tomado en cierta práctica cultural ideas, intuiciones, utopías e impaciencias, que esa misma práctica ha demostrado que son comunes, porque son reales;
5.
Que el Proyecto [P]AIDEIA ha tenido su sede, en el semestre febrero-julio de este año, [a] en este Centro de Promoción Cultural “Alejo Carpentier” y que, siga desarrollándose o no aquí —lo cual no sabemos ni corresponde a nosotros decidir— saludamos la posibilidad hecha real, y tal vez aún no agotada, de que una institución cultural como ésta y un grupo de jóvenes escritores, críticos y artistas, ni oficial ni clandestino, hayan podido concertar ideas y esfuerzos en un proyecto cultural como el que hoy nos convoca;
6.
Que la decisión de someter la letra y el espíritu de este Proyecto al conocimiento y debate públicos, nace de la naturaleza misma del Proyecto, concebido desde siempre y hacia su futuridad con un criterio amplio y polémico de la cultura, y cuya posible presentación, aprobación y publicación por las instancias que corresponda, carecería —ya que no de legitimidad— de la representatividad a la que dicho Proyecto aspira, si se limita a un círculo estrecho de personas. 
|